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2015-12-14 - La vida no es más que un sueño, surreal como la realidad
La presente exposición de Miguel Soler-Roig es el resultado de un proceso artístico con diferentes fases: un proyecto fotográfico previo junto al artista norteamericano Kim Weston, una performance llevada a cabo por Soler-Roig en la última edición de la Bienal de Venecia y un exhaustivo trabajo personal que aúna diferentes técnicas y estilos artísticos.

La temática se inspira en el Modernismo de Gaudí y el Surrealismo de Dalí, siendo el 100 aniversario de este último, motivo de homenaje artístico. En el trabajo fotográfico los movimientos de vanguardia se interrelacionan y potencian adquiriendo nuevos significados mediante un imaginario reconvertido muy personal. El título “La vida no es más que un sueño, surreal como la realidad” hace referencia a esta conexión de una manera sutil e ingeniosa. Por un lado se alude a la afirmación del propio Salvador Dalí: “Nada hay más surreal que la realidad” y por otro, apela a la explicación simbólica que el filósofo Josep Maria Carandell ofrece sobre una de sus obras más famosas: La Pedrera. Según el escritor, la azotea de la Casa Milà está basada en conceptos religiosos, cosmogónicos y literarios; identificándose con una escenificación del origen de la vida y la familia. Según esta hipótesis, el carácter teatral de la terraza estaría originado por dos obras dramáticas, siendo una de ellas “La vida es sueño” de Pedro Calderón de la Barca en la que Segismundo se corresponde con el «hijo guerrero», el bueno y heroico, protagonista de la obra citada. Salvador Dalí era un gran admirador de estas torres, con las que se fotografió en 1951. Y no es para menos, su apariencia, a medio camino entre la abstracción y la figuración, tienen mucho de surrealista. Sus figuras de ondulaciones orgánicas, similares a un conjunto de máscaras superpuestas o bien a varias cintas de Moebius, constituyen el escenario idóneo para fotografiar la belleza del cuerpo de la mujer.

En las fotografías en blanco y negro tomadas en La Pedrera, las formas arquitectónicas armonizan con las curvas femeninas en una suerte de comunión escultural. La plasticidad de las líneas de ambas corporalidades nos sumerge en una atmósfera de delicadeza y flexibilidad donde todo fluye. Las imágenes relacionadas con Dalí tienen un cariz mucho más surrealista y en algunas de ellas se introduce el color, acentuando una irrealidad onírica. La mayoría contienen elementos propios del imaginario daliniano como pueden ser: los huevos, los relojes, las langostas, las estrellas de mar o el pan. Estos componentes se reinterpretan de una manera única a través de la representación de las modelos. Los escenarios donde han sido realizadas las tomas, tales como el Museo Teatro Dalí en Figueras, aportan asimismo contenido y carga simbólica a cada imagen.

El resultado son fotografías bellas e inquietantes que trasladan al espectador a un lugar de ensueño en el que ansiará permanecer. A continuación, el artista explica en primera persona su experiencia trabajando durante una semana con el fotógrafo norteamericano Kim Weston alrededor de Dalí y Gaudí; y su posterior intervención performática como Dalí en la Bienal de Venecia. En el proyecto fotográfico que realicé con Kim Weston todo empezó a adoptar un cariz extravagante, onírico, delirante y, a su vez, perversamente real. En una de las cenas previstas en el Castillo de Perelada, donde disfrutamos de un menú surrealista especial, acudí interpretando a Dalí y sugerí un brindis dedicado a Gala a los comensales. La audiencia quedó fascinada ante la verosimilitud que presentaba con el adalid del surrealismo y esta respuesta desencadenó el llevar mi interpretación un paso más allá: el espíritu de Dalí acudiría al evento artístico por excelencia: la Bienal de Venecia.

El pabellón español en la 56ª edición de la Bienal tiene la peculiaridad de estar inspirado en la figura de Dalí. El comisario, Martí Manen, se interesó por el artista catalán porque le considera uno de los mejores ejemplos de contemporaneidad. En sus palabras, “fue siempre alguien que estaba como fuera de tiempo, que entonces se entendió de un modo y que creo que ahora se puede percibir de otro. Dalí es complejo, es complicado, es contradictorio, pero es una máquina de entender qué está pasando y qué puede pasar.(…) Fue además un gran escritor y alguien que controló a la perfección la performatividad. De esta forma, estamos hablando de escritura, performatividad, control de la imagen y sexualidad. Todos esos aspectos nos definen más a cualquiera de nosotros hoy que a un sujeto de aquella época.” Martí Manen defiende que, aunque la obra de Dalí no está en el pabellón, “su sujeto pulula por todo el recinto como un fantasma”. De alguna manera, esta idea se hace realidad a través de mi interpretación. Por otro lado, el Dalí que vemos en el recinto, es “el Dalí de las entrevistas en la televisión norteamericana; está el Dalí que prepara sus viajes a Nueva York, el que emplea el NODO como sistema de comunicación, y hay un Dalí visto por otras personas, por profesionales de la Fundación Dalí (Montse Aguer), de la Tate Modern, que le dedicó una importante expo (Vicente Todolí) y el MNCARS (Borja-Villel), un museo que tuvo que plantearse cómo hacer una muestra de masas con voluntad crítica. Y todas estas aproximaciones presentan “un” Dalí. Hay muchos. Esto no es un ataque a todas esas demás representaciones de Dalí.”

Tras mi performance y encuentro con diversas personalidades del mundo del arte, que quedaron perplejos ante mi aparición, véase, Manolo Borja Villel, Fernando Francés, el director de Lisson Gallery, Nicholas Logsdail, Marina Abramović etc, continué mi recorrido por la Bienal, dando vida al espíritu de Salvador Dalí.
Miguel Soler-Roig © 2017 Todos los derechos reservados · CLICWOW