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La vida no es más que un sueño, tan surreal como la realidad
La serie está inspirada en el Modernismo de Gaudí y el Surrealismo de Dalí, siendo motivo de homenaje, la celebración del centenario de los inicios del surrealismo en 1916. En el trabajo fotográfico los movimientos de vanguardia se interrelacionan y potencian adquiriendo nuevos significados mediante un imaginario reconvertido muy personal.

El título “La vida no es más que un sueño, surreal como la realidad” hace referencia a esta conexión de una manera sutil e ingeniosa. Por un lado se alude a la afirmación del propio Salvador Dalí: “Nada hay más surreal que la realidad” y por otro, apela a la explicación simbólica que el filósofo Josep María Carandell ofrece sobre una de las obras más famosas de Gaudí: La Pedrera. Según el escritor, la azotea de la Casa Milá está basada en conceptos religiosos, cosmogónicos y literarios; identificándose con una escenificación del origen de la vida y la familia. Según esta hipótesis, el carácter teatral de su terraza estaría originada por la obra dramática “La vida es sueño” de Pedro Calderón de la Barca, en la que Segismundo se corresponde con el «hijo guerrero», el bueno y heroico, protagonista de la obra citada.

Salvador Dalí era un gran admirador del edificio, donde se fotografió en 1951. Y no es para menos, su apariencia, a medio camino entre la abstracción y la figuración, tiene mucho de surrealista. Las chimeneas de ondulaciones orgánicas, similares a un conjunto de máscaras superpuestas o bien a varias cintas de Moebius, constituyen el escenario idóneo para fotografiar la belleza del cuerpo de la mujer. En las fotografías en blanco y negro tomadas en La Pedrera, las formas arquitectónicas armonizan con las curvas femeninas en una suerte de comunión escultural. La plasticidad de las líneas de ambas corporalidades nos sumerge en una atmósfera de delicadeza y flexibilidad donde todo fluye.

Las imágenes relacionadas con Dalí, tomadas en la Costa Brava, tienen un cariz mucho más surrealista y en algunas de ellas se introduce el color, acentuando una irrealidad onírica. La mayoría contienen elementos propios del imaginario daliniano: huevos, relojes, langostas, estrellas de mar o panes. Estos componentes adquieren reconocimiento durante la Exposición Internacional de Nueva York de 1939 mediante la cual la ciudad americana quería convertirse en el lugar de encuentro de las naciones modernas. Salvador Dalí participó con un pabellón independiente diseñado por él mismo titulado The Dream of Venus en el que desplegó toda su imaginación desde la perspectiva paranoico-crítica en una obra de arte total, vinculada a su faceta escenográfica. El pabellón presentaba una espectacular fachada llena de protuberancias que tenía reminiscencias del edificio de la Pedrera de Antoni Gaudí. La puerta principal aparecía flanqueada por dos columnas a modo de piernas de mujer, con medias y zapatos de tacón. Una de las imágenes principales era una reproducción de El nacimiento de Venus de Boticcelli, cuya cabeza pretendía haber sido sustituida por una de un pescado, según los deseos de Dalí. Esta idea, claro guiño al famoso cuadro de René Magritte The Collective Invention, fue desestimada por la agencia organizadora de William Morris, alegando que tal ocurrencia no iba a atraer al público en masa. [1]

El título del pabellón hace alusión al onírico y perturbador mundo de los sueños, todo ello narrado a través de la exquisitez de la diosa más bella. Muestra de ello es la grabación que se entregaba como souvenir, titulada también “El sueño de Venus” en la que se podía escuchar un monólogo de ensueño narrado por la actriz Ruth Ford interpretando a Venus y acompañado por diversos coros de hombres y mujeres. Entre las frases que recitaba, algunas significativas son: “Soy venus, ¡la mujer más bella del mundo!” “Nací de la espuma del mar y soy atendida por las sirenas más bellas del océano.”[2] En el interior del pabellón se ofrecía a los visitantes un espectáculo de ballet acuático dentro de dos grandes piscinas, con sirenas y otros elementos también diseñados por Dalí.

Las mujeres aquí representadas, así como los elementos más característicos de Dalí, se reinterpretan de una manera única en las fotografías de Miguel Soler-Roig. Los escenarios donde han sido realizadas las tomas [3] aportan asimismo contenido y carga simbólica a cada imagen. El resultado son fotografías enigmáticas e inquietantes que trasladan al espectador a un lugar mágico en el que ansiará permanecer.



[1] Hay que señalar que entre los conceptos iniciales del pintor y el resultado final del proyecto se produjeron importantes modificaciones, que llevaron a Dalí a quejarse de las imposiciones de la organización en el panfleto titulado Declaration of the independence of imagination and rights of man to his own madness (Declaración de la independencia de la imaginación y el derecho del hombre a su propia locura). [2] Schaffner, Ingrid. Salvador Dali's Dream of Venus: The Surrealist Funhouse from the 1939 World's Fair. Princeton Archit.Press, 22 nov. 2002.p.96 [3] La casa de Dalí en Portlligat, Cap de Creus y el Teatro Museo Salvador Dalí en Figueras.  
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