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Deja de Sufrir
“Deja de sufrir” este mensaje en un sencillo papel blanco, escrito en la despersonalizada escritura de un ordenador,secuestra mi atención sobre la acera mojada de un asfalto que invita a lo contrario. Y me conduce a colocar las palabras en imágenes.A captar lo intangible de un sentimiento profundo que puede llegar a convertirse en el mayor catalizador y creador: El sufrimiento.   

“Dejar de sufrir” se convierte en un mensaje dirigido a quien lo lee, a quien lo siente, a quien lo necesita. Un mensaje universal porque, al fin de al cabo, cualquiera de las fotosde esta serie habla de un aparte nuestro, inherente al ser humano cuando su hermana la alegría, se ha ido a dar un paseo… El sufrimiento ni se crea ni desaparece. Al igual que la energía, se transforma (observando el sufrimiento de frente en sus distintas formas, leyendo el mensaje una y otra vez, el sentimiento de dolor se difumina. La catarsis creativa. Y aun tengo que llamar al teléfono que me ofrece la posibilidad de dejar de sufrir).  

El estado de felicidad al que apelaba Aldous Huxley de no sentimiento, tiene un grado mayor de tortura: Sufrir.   La temida (o adictiva) sensación ha llegado a mediatizarse en productos de consumo, o en sucesivos mensaje de imágenes que apelan a dejar de experimentar el dolor, la ansiedad, o la parte física del sufrimiento. Un sentimiento que, por otro lado, alimenta nuestra sociedad inconsciente, al tiempo que trata de acallar. Son mensajes contradictorios que nos sumen en la culpabilidad porque, en países desarrollados, no existen ya guerras con armas visibles, ni hambruna de alimentos que sean causa directa de nuestro pesar. Pudiera tratarse del sufrimiento pasajero de perdida de alguien cercano, de un accidente, o de una tortura, pero, ¿acaso no es mayor el sufrimiento de guerra y de enemigo visible, de hambre de éxito, o de amor, a los que no se logra poner rostro?                                                                                                                                             

Miguel Soler-Roig    
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